Thursday, September 26, 2013

Clavel

Clavel

Hace muchos años, durante un viaje a Miami, compartía un asado con un grupo de latinos en la casa de Palito Ortega.
Uno de los invitados, argentino también, decía que en este país la gente se “estupidiza” siguiendo las normas.
“Ponés una flecha hacia el mar y todos los bol…… van y se ahogan siguiendo la flecha.”
Palito le refutaba diciendo que no es así, porque nadie va a poner una flecha apuntando hacia el mar. ”La van a poner para el lado que tiene que ir”
Así de simple y básico es el funcionamiento de toda organización social. Unos crean las normas y todos las respetamos. Para eso los hemos elegido, porque los consideramos los mejores. Si no nos conforman, cuando haya nuevas elecciones los reemplazaremos.
Por el contrario, los atajos conducen al caos.
En la Argentina hay un estado deliberativo permanente, que desdibuja los roles y ningunea a los dirigentes (que por otra parte hacen patrióticos esfuerzos todos los días para que así sea), llevando a un estado de confusión donde las aberraciones parecen la normalidad.
Así se ve desde afuera.
Los estudiantes toman el Colegio Nacional de Buenos Aires, porque ellos quieren decidir los contenidos de los programas de estudio.
La provincia de Córdoba decide fusionar su servicio de emergencias con el de la ciudad de Córdoba, y los empleados hacen huelga porque ellos lo hubieran hecho distinto  (o no lo hubieran hecho).
Los partidos de fútbol se juegan sin hinchada visitante, pero se inventan las tribunas “neutras” para gambetear la prohibición.
Los empleados de un CPC consideran que la jefa designada no es de su agrado, y hacen paro para que la remuevan.
El cartel enorme dice clarito “Prohibido estacionar”, pero el tipo igual se detiene allí, y cuando el inspector hace sonar su silbato le dice:
-Son solo dos minutos.
-Señor, no se puede.
-Pero son solo dos minutos.
-Señor, le repito que no se puede.
…………..
Y cuando le hacen la multa les manda saludos a la mamá y las abuelas.
Otro cartel dice que la velocidad máxima en esa avenida es 50 KPH, pero yo considero que 70 está bien, y le meto pata.
Si el semáforo se pone en amarillo no podes frenar porque el que viene detrás aceleró y te lleva puesto.
Y el disparate mayor: los piquetes y los cortes de ruta.
No se trata solo del famoso “hecha la ley, hecha la trampa”. Es mucho más complicado. Es la “relativización permanente”, el cuestionamiento de las normas, la confusión de los roles.
Para cada regulación se inventa una alternativa por izquierda.
Todo se flexibiliza, se acomoda y se redibuja bajo un enorme paraguas: “Estamos en Argentina”.

Lo siento, Kristina. Mientras las cosas sigan así, las comparaciones con Australia y Canadá quedan como “clavel en boca ‘e perro”.

Thursday, September 19, 2013

Gatopardo

Gatopardo

Fueron vacaciones perfectas. Cuatro semanas intensas. Familia, fiestas, viajes, felicidad.
El monitoreo de la realidad ayudó bastante.
En estas cuatro semanas, media Córdoba se incendió y Obama casi inicia la Tercera Guerra Mundial.
Nada importante.
Además, Kristina ahora es buena y simpática; promete no comer a nadie; promueve el diálogo con empresarios en reuniones donde solo habla ella; concede entrevistas a periodistas, aunque se asegura que sean amigables; modifica los mínimos impositivos como si fuera una concesión graciosa de un monarca.
Es buen momento para incursionar en la ficción.
Cuando las tropas “camisas rojas” de Giuseppe Garibaldi desembarcan en Sicilia en 1860 la familia de Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, se convierte en escenario y ejemplo de las tensiones de la aristocracia siciliana por conservar sus privilegios y a la vez adaptarse a la nueva realidad política de Italia.
Esa es, en esencia, la trama de la novela  Il gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, llevada al cine en 1963 por Luchino Visconti, con los protagónicos de Burt Lancaster, Alain Delon y la exuberante Claudia Cardinale.
El más acomodaticio de la familia, Tancredi Falconeri, pronuncia ahí la frase que entraría en la historia: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi"  (Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie).
Desde entonces, en ciencias políticas suele llamarse "gatopardista" al político que inicia una transformación revolucionaria pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras.
Modificaciones trascendentes, en apariencia, que en el fondo son solo cosméticas.
“Gatopardismo” se usó mucho en Argentina en la década de los 80. Ahora no tanto.

Sin embargo, esta metamorfosis con fecha de vencimiento (hasta octubre) que exhibe Kristina después de que en las PASO tres de cada cuatro argentinos le llenaran la cara de dedos al gobierno, eso solo eso: Gatopardismo.